LETICIA ARRIOLA

Arquitecta y madre, mi trabajo fotográfico nace en el cruce entre la arquitectura y la experiencia cotidiana de habitar.

Durante un tiempo viví en el exterior, y esa distancia me llevó a preguntarme si todos los espacios son iguales cuando se viven, y para quiénes están pensados.

Como arquitecta, observo; como madre, experimento. No es lo mismo un parque de césped que uno de piedras cuando se trata de jugar, caer, explorar. Los cuerpos —especialmente los de la infancia— revelan rápidamente cuándo un espacio acoge o expulsa.

En estas imágenes no siempre hay rostros. Hay fragmentos, escenas y paisajes. Porque no busco identificar, sino sugerir. Pensar la maternidad también como una forma de habitar: más atenta, más consciente de lo cotidiano.

ACERCA DE LA OBRA DE LETICIA ARRIOLA

Ser mujer implica construir un camino propio. Elegir una profesión, desarrollar una mirada sobre el mundo, buscar autonomía, crear y transformar. En el caso de Leticia Arriola, ese recorrido se entrelaza con la experiencia de la maternidad y con una observación constante de la vida cotidiana.


Como arquitecta, aprendió a pensar los espacios. Como madre, descubrió nuevas formas de percibirlos.
Acompañando el crecimiento de sus hijos, comenzó a registrar aquellos lugares donde la infancia explora, juega,
pregunta y transforma el entorno. Lo que en principio pudo haber sido una documentación familiar fue
convirtiéndose, con los años, en una construcción sensible de memoria a través de la fotografía y la escritura.


Su obra nace de la experiencia de acompañar sin detener, observar sin intervenir y permanecer atenta a los
pequeños acontecimientos que conforman la vida. En ella convergen la mujer, la madre y la profesional, dando
lugar a una mirada que reconoce en la infancia una forma única de descubrir el mundo.


A través de sus imágenes y textos, Leticia nos invita a reflexionar sobre el crecimiento, los vínculos y los espacios
que hacen posible la experiencia humana. Su trabajo nos recuerda que crecer no ocurre solamente en las
personas: también transforma la manera en que aprendemos a mirar.

Elisa Alvez

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